Dos preguntas

21/04/2022

Por Victoria Aviles, Ciudad de México

Parece que el término “tóxico” se ha puesto de moda hoy en día.

Cuando hablamos de algo que es tóxico, nos referimos a algo que contiene veneno o puede dañarnos.

Y es justamente lo que actualmente vivimos, las relaciones se ven dañadas por nuestro pecado, pareciera que engañar, mentir, traicionar, herir, abandonar y dañar ya no es tan malo, o al menos eso nos gusta creer, y cuando digo relaciones no me refiero a vínculos amorosos únicamente, también hay vínculos afectivos; laborales y personales que entran dentro de esta categoría.

Y tal vez conforme avanzamos en este blog, la palabra “tóxico” ya tiene un rostro y un nombre en tu mente, puede ser un amigo, un ex novio o novia, tu esposo o esposa, un conocido, un compañero de trabajo, o en dado caso tu mismo rostro y que difícil es darnos cuenta de que nuestras relaciones se han visto dañadas por nuestras acciones o las de otras personas.

Al seguir leyendo, podemos hacernos algunas preguntas:

 ¿A quién he lastimado?, ¿quién me ha lastimado?, ¿qué consecuencia tuvo el daño que causé?, ¿qué daño me hicieron?, ¿cuál fue el motivo que me llevó a actuar así? ¿Cuáles eran las intenciones?

Pero hay dos preguntas que tal vez no nos hemos hecho, y que podrían ayudarnos a cambiar el panorama de la situación, y a sanar aquello que nos ha o está hiriendo…

¿Pedí perdón por lo que hice?, ¿estoy dispuesto a perdonar lo que me hicieron?

El hacernos estas preguntas, nos lleva a reflexionar profundamente, nos ayuda a mirarnos y a mirar a los demás desde una perspectiva de amor y no de dolor.

Cuando sientas que no te es posible perdonar, o pedir perdón recuerda el siguiente pasaje: El que perdona la ofensa cultiva el amor; el que insiste en la ofensa divide. Proverbios 17:9.

Como dice el texto; procuremos cultivar relaciones basadas en amor, sin olvidar que esto no significa que no tendremos adversidades, o desacuerdos, es cierto que no es una tarea fácil, “cultivar” es una palabra que implica muchas acciones; pero cuando amamos; el perdón y la reconciliación son más fáciles de practicar, cuando vivimos en amor aprendemos a reconocer que todos tenemos errores, que diariamente fallamos y que podemos equivocarnos.

Recuerda que cada uno de nosotros recibe un amor interminable, un amor inagotable que procede del cielo por medio de Cristo Jesús, que nos cambia la vida, que nos devuelve la alegría, que nos restaura, nos abraza, nos apapacha, y nos muestra que nuestras relaciones deben aliviar, confortar, alentar, enseñar, animar y sanar, regresándonos la esperanza de que en el camino el amor siempre nos sostiene.

Conoce nuestro contenido sobre «Relaciones tóxicas»

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