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Las preocupaciones: ¿Qué hacer cuando surgen?

Mgtr. Itza Romero – Psicóloga

Las preocupaciones son parte normal de nuestras vidas, continuamente, nos vemos confrontados a situaciones adversas que amenazan nuestra estabilidad física, emocional, mental y espiritual.
La intranquilidad y el desasosiego a causa de las preocupaciones pueden quitarnos la alegría de vivir y de experimentar momentos agradables. Algunas veces pensamos que no hay alternativas a los problemas, que no contamos con los recursos materiales, emocionales, de apoyo familiar o social; lo cual puede hacernos caer en un profundo dolor emocional.

¿Estás sintiendo que ya estás a punto de colapsar a causa de las preocupaciones?

Te invitamos a que nos acompañes a través de esta lectura donde te compartimos algunas estrategias para afrontar las preocupaciones.

Según, Tallis, Davey y Capuzzo (1994), la preocupación es un proceso cognitivo relativamente normal en la población general, pues más de un 38% de las personas se preocupan al menos una vez al día.

Los estudios realizados por Olatunji, Moretz, y Zlomke, 2010 sostienen que la preocupación se manifiesta como un pensamiento constante, generalmente, de contenido negativo y se experimenta en diferentes niveles de intensidad

Introducción

La mayoría de las preocupaciones tienen que ver con los temores que nos producen situaciones que vivimos o que suceden a nuestro alrededor. Sufrimos en alguna medida la angustia debido a la situación económica, nos causa aflicción las enfermedades, las pérdidas, nos preocupa quedar sin empleo y no tener dinero para cubrir nuestras necesidades básicas de alimentación, vivienda, salud, etc.

Muchas veces nos preocupamos por cosas que tal vez no lleguen a suceder, pero mientras tanto la ansiedad puede consumirnos, al estar pensando constantemente en lo que nos preocupa. Si bien es cierto, es necesario planificar y ocuparnos en lo que queremos hacer y deseamos llegar a ser, es recomendable centrarnos en el ahora y dejar que cada día traiga sus nuevos retos e ir trabajando en ellos día a día.

Reflexiona en las siguientes preguntas:

  1. ¿Cuáles son las situaciones que me están causando mayor preocupación?
  2. ¿Cuál es mi reacción ante la preocupación?
  3. ¿Con quién puedo hablar cuando me siento preocupado?; ¿con familiares?; ¿con amigos?, ¿con mi guía espiritual?, ¿con una psicóloga?

Tanto las preocupaciones como la ansiedad pueden estar presentes en nuestra vida y es algo normal. Sin embargo, cuando estos estados son persistentes, pueden convertirse en un problema de salud mental.

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¿Pero, que és la preocupación?

La Real Academia de la Lengua Española, define la palabra preocupación como ocuparse anticipadamente, adelantarse o pensar de antemano en algo que pudiera ocurrir. Si lo vemos desde esta perspectiva, la misma puede ser constructiva porque nos mantiene alerta y nos moviliza para adaptarnos a la realidad y tratar de resolver los problemas antes de que ocurran.

Sin embargo, la excesiva preocupación produce en nosotros pensamientos y temores confusos, que invaden nuestra mente. Nuestro cerebro empieza a segregar sustancias que son enviadas a través de nuestro cuerpo, las cuales inciden en el desarrollo de malestares físicos y emocionales y por ende en nuestro comportamiento.

Algunos estudios sobre la Preocupación mencionan que pueden aparecer estados de nerviosismo, inquietud, desesperación, pero también tristeza, culpa o celos.

Las preocupaciones y la ansiedad pueden estar presentes en nuestras vidas como un motor que nos impulsa a encontrar soluciones ante los problemas. La diferencia entre la preocupación y la ansiedad es que la preocupación se refiere a los pensamientos en torno a las cosas que necesitamos resolver, en tanto que la ansiedad es una reacción de nuestro organismo ante aquellas cosas que percibimos como una amenaza o un peligro. Por ejemplo, las preocupaciones por nuestra salud, seguridad, necesidades básicas de alimentación, vivienda etc., pueden convertirse en una amenaza cuando no las resolvemos y así generarnos estados de ansiedad.

Podemos decir que tanto las preocupaciones como la ansiedad pueden estar presentes en nuestra vida y es algo normal. Sin embargo, cuando estos estados son persistentes, no podemos manejarlos, van en aumento y duran más de tres semanas pueden convertirse en un problema de salud mental.

¿QUÉ PODEMOS HACER CUANDO SURGEN PREOCUPACIONES?

Inicialmente, pregúntate a ti mismo: ¿es algo que puedo cambiar?, si la respuesta es afirmativa ocúpate en hacer los cambios; de lo contrario aprende a mirar las circunstancias desde otra perspectiva. En la metáfora del vaso con agua hasta la mitad, podemos verlo a medio llenar o medio vacío. ¿Cómo ves tu vaso? ¿Qué hacer si solo puedo ver mi vaso totalmente vacío?

A continuación, te compartimos algunas estrategias que puedes aplicar cuando experimentas pensamientos de preocupación. Son las siguientes:

 

Estrategias emocionales:

  • Cuando esté preocupado, deténgase y observe qué le hace sentir así. Piense: si fuese un amigo suyo quien está teniendo esa preocupación, ¿Qué le diría?
  • Busque un espacio de su casa donde sienta tranquilidad y descanse unos minutos con los ojos cerrados. Imagine momentos agradables en que se ha sentido feliz o ha disfrutado con sus seres queridos.
  • Participe de un grupo de apoyo con personas amigas, puede ser un grupo de chat, donde pueda intercambiar ideas, reír juntos, aprender de las experiencias de sus amigos y compartir sus dificultades.
  • Desconocemos lo que sucederá a futuro, pero podemos atender el momento presente. En lugar de preguntarnos: ¿qué va a ser de mí?, cambiar la pregunta por: ¿Cómo puedo hacer en este momento?
  • Mantenga la esperanza y comparta sus preocupaciones con alguien a quien pueda confiarle lo que le sucede; ya sea, su guía espiritual, un amigo o un familiar.

 

Estrategias Mentales:

  • Readapte su vida. Enfóquese en objetivos prácticos y alcanzables. Establezca metas a corto, mediano y largo plazo.
  • Dedique, cada día, un tiempo a realizar actividades que le ayuden a cultivar pensamientos enriquecedores y ampliar su mente, tales como: leer, estudiar, meditar, orar.
  • Haga un inventario de sus habilidades y capacidades. Fortalezca las mismas y adquiera nuevos conocimientos. Observe las posibilidades de poner en práctica sus habilidades en medio de las circunstancias difíciles.
  • Cuando esté teniendo un pensamiento persistente, puede aplicar una técnica de detención del pensamiento. Esta técnica consiste en utilizar una palabra como stop o basta o alguna señal (pulsera en la mano) que ayude a frenar el pensamiento.

 

Estrategias físicas:

  • Realice algún ejercicio físico para relajar los músculos, como aeróbicos, caminar o hacer ejercicios de estiramiento del cuerpo.
  • Practique ejercicios de respiración cuando sienta que empieza a surgir algún pensamiento sobre cosas que le preocupan. Concentre su atención en su respiración e inhale por la nariz contando hasta cuatro, mantenga el aire en sus pulmones mientras cuenta hasta seis y luego exhale lentamente sacando el aire por la boca mientras cuenta hasta ocho.
  • Planifique su tiempo para realizar sus actividades, trabajo, estudio u otras tareas. Incluya un tiempo para descansar y procure mantener un horario de sueño.
  • Evite consumir productos azucarados, café, té, cigarrillos o alcohol. Si utiliza algún medicamento o calmante que sea con prescripción médica.

 

Vamos a conocer sus niveles de preocupaciones:

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Mensaje para ti

El siguiente cuestionario le ayudará a conocer el nivel en que ha sentido algunas molestias relacionadas a la preocupación. Marque su respuesta indicando la frecuencia con que ha sentido dichas molestias durante las últimas 2 semanas:

Se ha sentido nervioso(a), ansioso(a) o con los nervios de punta

No ha sido capaz de parar o controlar su preocupación

Se ha preocupado demasiado por motivos diferentes

Ha tenido dificultad para relajarse

Se ha sentido tan inquieto(a) que no ha podido quedarse quieto(a)

Se ha molestado o irritado fácilmente

Ha tenido miedo de que algo terrible fuera a pasar

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No se aprecian síntomas de ansiedad.

En este nivel no se observa que haya síntomas de ansiedad, lo cual es un indicativo de que en estos momentos se siente usted tranquilo. Le sugerimos aplicar prácticas de autocuidado (realizar algún ejercicio físico, tener un horario de sueño, una alimentación balanceada, hacer alguna actividad que le guste) como una forma de cuidar de su cuerpo y de su salud mental.

Síntomas de ansiedad leves.

Sentir una ligera ansiedad puede impulsar a las personas a actuar frente a las situaciones que le preocupan. Es posible que puedas sentir inquietud y nerviosismo, pero puedes realizar tus actividades cotidianas. Te recomendamos enfocarte en resolver una cosa a la vez, mantener un estado de calma ante las situaciones que se te presentan en tu vida cotidiana y conversar con alguien de tu confianza sobre lo que te preocupa; ya sea un amigo o tu guía espiritual.

Síntomas de ansiedad moderados.

Tu puntuación indica como si una luz amarilla se estuviera encendiendo y te está indicando que necesitas prestar atención a esas molestias que sientes a nivel de las sensaciones de tu cuerpo, en tus emociones y pensamientos. Practicar ejercicios de respiración y relajación puede ayudarte a manejar tu ansiedad. Sin embargo, si notas que las molestias son constantes es recomendable consultar un especialista en salud mental quien te dará mayor orientación para lidiar con estos síntomas.

Síntomas de ansiedad severos.

Cuando la ansiedad tiene niveles muy elevados puedes llegar a experimentar múltiples síntomas como angustia, miedo, insomnio, dificultad para concentrarte y llegar a sentir un gran agotamiento. A este nivel es necesario que busques ayuda especializada; pues tratar de enfrentar todo esto tú solo es muy duro y se podría desarrollar un problema de salud mental más serio. Un psicólogo o un psiquiatra pueden ayudarte a superar la ansiedad grave través de una intervención terapéutica oportuna.

Conclusión

¿Y qué más?

Como seres humanos estamos constituidos por varias esferas que forman nuestro ser integral. Estas esferas son la biológica, la psicológica, la social y una esfera espiritual. Cada una de estas partes necesita ser atendida y fortalecida, para que podamos responder ante las circunstancias que se nos presentan, de manera oportuna y minimizar los riesgos de salir dañados o lastimados.

Hemos visto formas de cuidar nuestras emociones, nuestra área mental y física. No obstante, si usted ha estado teniendo una preocupación que se hace cada vez más fuerte, le genera estrés, angustia y siente que no puede manejarla, busque ayuda con un especialista en salud mental. El psicólogo y el psiquiatra están para escucharle, orientarle y darle un tratamiento terapéutico o farmacológico en caso de ser necesario.

Queremos animarle a cuidar de su esfera espiritual. Si usted es una persona que practica la fe, cultive su vida espiritual y si no lo es, también le invitamos a conocer más de la esperanza que nos ofrece una relación con Cristo.