Diario de una Sala de Emergencia

14/07/2020

Por: Michelle, enfermera en São Paulo – Brasil.

Estamos enfrentando tiempos difíciles y a su vez, experimentando escenarios únicos relacionados con la pandemia. En mi contexto, como enfermera en un gran hospital de la ciudad de São Paulo, estamos comenzando a respirar con más esperanza; Se están recuperando más pacientes y se están vaciando más camas.

En los últimos tres meses, viviendo y cuidando pacientes críticos con COVID-19, aprendí a no sentirme desesperada. Por el contrario, aprendí a estar segura de que Dios tiene el control de la situación y, al mismo tiempo, sufre por la humanidad. Además, nunca hemos valorado las cosas simples de la vida tanto como lo hacemos ahora, que estamos aislados y frágiles.

Expuesta, cara a cara con el virus, trabajando entre la vida y la muerte, lo experimento y me doy cuenta de la fragilidad humana en cada detalle. Veo cómo la vida, en su esencia, es importante. Cada recuperación, cada sonrisa, cada videollamada con la familia; Los pequeños gestos aquí dentro son más importantes que las grandes obras. Reafirmo que Dios tiene el control de todo y que podemos confiar en él con los ojos cerrados, porque él nos cuida. En menor grado de comparación, es una confianza similar a la que el paciente en una cama de hospital, solo y aislado, deposita en el tratamiento y profesionales de la salud, personas que nunca antes había visto y que quieren cuidarlo.

La esperanza de que lleguen mejores días es saber que, en el camino, todavía habrá dificultades en la salud pública y la economía, ya que aún tendremos que enfrentarnos unos meses más con esta realidad, tal vez muchos meses.

Aquí está el cliché: «hay luz al final del túnel». Confiaremos y tendremos paciencia.

Sin embargo, vale la pena recordar que la pandemia solo mejorará con la conciencia y la colaboración de cada ciudadano, entendiendo que mis acciones afectan directamente a mi vecino. A este respecto, vale la pena enfatizar lo que Jesús nos pide: «Mi mandato es este: Ámense los unos a los otros como yo los he amado» (Juan 15:12). Somos herramientas del amor de Dios en este momento. Cuídate y cuida a tu prójimo. Ven a vivenciar con nosotros.