El Covid en primera persona

21/08/2020

Por: Antonio Schimpf – Pastor y profesor de Teología en Buenos Aires, Argentina.

Estamos atravesando el Covid con mi familia. Mi hijo dio positivo y también mi esposa y yo comenzamos a sentir síntomas compatibles con esta enfermedad. A pesar de muchos cuidados, el contagio se produjo igual. Nos contactamos con el número telefónico provisto por el Estado y al oírnos nos incluyeron oficialmente entre los contagiados. Nuestra obra social (seguro médico) nos registró y todos los días una doctora no llama para hacernos un seguimiento y aconsejarnos. Eso nos provee contención profesional.

Hace una semana que fuimos diagnosticados. Lo que veíamos como algo que pasaba fuera de casa, comenzamos a vivirlo adentro. Cuando se trata de otras enfermedades, tales como la gripe, ya conocemos los síntomas y nada nos sorprende. Con el Covid es distinto: los síntomas son raros y van cambiando: dolor de garganta, dolor de cabeza, malestar estomacal, fiebre, cansancio, estado gripal. Ah, y algo inconfundible: pérdida del olfato y del gusto; algo repentino y muy agudo.

Como pasa con todo lo desconocido, nosotros también estamos expuestos a la angustia y el temor. Algo tan pequeño, casi invisible, nos puede dejar absolutamente indefensos, con el riesgo de perder la salud y la vida misma. Pero en la vida de quienes confiamos en Jesús, situaciones como la que atravesamos nos muestran que a pesar de lo vulnerables y frágiles que somos, no estamos solos. El “yo estoy contigo, no temas” de Jesús sigue resonando en nuestro corazón. Sus promesas y su gracia se potencian en medio de nuestra debilidad. Los sanos no tienen necesidad de médico. Nos reconocemos enfermos, y Él es nuestro médico. No sólo es el médico de nuestra alma, sino también de nuestro cuerpo, de nuestra mente.

Nos da paz saber que hay un sistema médico que puede atendernos si hubiere complicaciones. Pero sobre todo nos da paz saber que Dios conoce lo que nos sucede y que es grande y bueno como para auxiliarnos en nuestras necesidades. En sus manos estamos.